Melissa González
Psicóloga y fundadora
QUIÉN SOY
Mi nombre es Melissa, soy Psicóloga Sanitaria, graduada por la Universidad Complutense de Madrid.
Durante mucho tiempo, desde fuera, mi vida parecía ir bien. Sin embargo, por dentro vivía con una sensación constante de insuficiencia. Me exigía más de lo que le exigiría a cualquier otra persona, dudaba de mí misma con frecuencia y sentía que, por mucho que hiciera, nunca era suficiente.
Vivía atrapada en la autoexigencia, la comparación y una mirada muy crítica hacia mí misma.
Ese fue mi punto de inflexión.
No llegué a la psicología por una vocación temprana. De alguna manera, la psicología llegó a mí como una forma de comprender lo que me ocurría y encontrar una manera diferente de relacionarme conmigo misma. A lo largo de ese proceso descubrí algo que transformó profundamente mi forma de entender el bienestar: el camino no consiste en esforzarse más, hacerlo todo mejor o alcanzar una versión perfecta de uno mismo. Consiste en aprender a reconocer tu valor más allá de tus logros, aceptar tu vulnerabilidad y construir una relación más sana contigo.
Por eso hoy acompaño a personas que viven bajo una presión constante por hacerlo bien, que dudan de su valor, que sienten que nunca llegan a la meta o que han aprendido a exigirse mucho más de lo que se cuidan.
Me apasiona ver cómo, poco a poco, dejan de medir su valía por lo que consiguen, aprenden a confiar en sí mismas y construyen una autoestima más sólida y estable. Una autoestima que no dependa de la aprobación de los demás, de la perfección o de estar siempre rindiendo al máximo.
Creo profundamente que la terapia no consiste en convertirse en alguien diferente, sino en dejar de vivir en lucha constante con quien ya eres. Porque cuando aprendemos a mirarnos con mayor comprensión, podemos empezar a construir una vida más auténtica, más libre y más coherente con lo que realmente necesitamos.
¿Por qué Orpheus?
Orfeo es un personaje de la mitología griega que desciende al inframundo para recuperar a Eurídice, su amada. Para lograrlo debe atravesar la oscuridad y confiar en el camino sin mirar atrás.
Primera etapa del viaje
El viaje de Orfeo es una poderosa metáfora del proceso psicológico que atravesamos en momentos de crisis, transformación o toma de decisiones importantes. Su descenso al inframundo simboliza un viaje profundo de autoconocimiento y aceptación, ese momento en el que la vida nos invita a mirar hacia dentro y a encontrarnos con nuestras partes más frágiles, dolorosas o incómodas. Es un punto vital en el que solo hay dos opciones: huir de lo que duele o atrevernos a mirarlo para poder avanzar.
Segunda etapa del viaje
Crecer implica atravesar lo que duele. Implica reconocer miedos, heridas y emociones difíciles, sin huir de ellas ni intentar eliminarlas, sino entendiéndolas y dándoles un lugar. Solo cuando nos atrevemos a mirar nuestras sombras podemos transformarnos de verdad.
La música de Orfeo simboliza nuestros recursos internos. La capacidad de escucharnos, de comprender nuestras emociones, de reflexionar sobre el origen y de aprender a relacionarnos con ellas de una forma más consciente. No para negarlas o eliminarlas, sino para darles un lugar y redirigirlas para nuestro bien. Mirar atrás, como hace Orfeo, es quedar atrapados en la duda, el miedo o la necesidad de controlar lo que vendrá. El viaje nos invita a relacionarnos con nuestros pensamientos: no corrigiéndolos ni luchando contra ellos, sino comprendiendo que son eventos pasajeros, que no nos definen y que pueden observarse sin obedecerlos.
La historia de Orfeo nos recuerda que el verdadero sentido del viaje —y de la vida— es llegar a ser quien uno es. No buscar ser mejores, más fuertes o más adaptados, sino convertirnos en nosotros mismos de una forma más completa, no más perfecta


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